martes, 8 de abril de 2008

Lejanías


Yo no sé qué suena allá abajo, hay un ruido que quiere andar por el mundo. Un ruido grande, que despierte a las luces para alumbrar al cielo. Esa tarde yo lo entendí. Lo tomé en mis manos y el polvo se escurría de mis dedos. Sensible al viento, con la brisa lloraba, reía, la dirección del viento formaba su cuerpo. A veces tenía voz pequeña, ya no siempre, ya nunca, se caen las cosas sobre la arena... sin dolor el mundo. El suelo ha llorado sobre la tierra, no tiene caminantes, apenas silencio, una ausencia de destino sobre la espalda. Tendrás toda la palabra, así el cansancio se iba lejos, con la calma de la noche, sin dejar que el cuerpo pesara. En ese tiempo ya no habían hambres, sólo polvo, sólo arena, un grito solo sobre el hombre, el suelo dolía más que el dolor. Ese día marchó, llevándose todas sus sombras, de su paso nada resiste ya. Llevaremos nuestros pasos, no hemos llegado a ninguna parte, llevaremos nuestros brazos, toda obra murió temprano, nuestra garganta y su pensamiento, todo era polvo. La vida pesaba ausencia.




Tiempo

El mundo es camino grande al frente,
las palabras… pasos incompletos,
el cielo es una cosa material que se eleva por los cielos,
todos los pasos han andado ya y no se puede avanzar,
todo se ha pensado ya y no se puede decir,
-las gotas de marzo sobre las hojas,
quizá sean el respiro de Dios-,
el tiempo es cuerda firme frente a toda voluntad,
ni los segundos ni los siglos ceden un paso.

Nuestra historia debió nacer en algún lugar,
se ha perdido ese día y
ningún recuerdo la encuentra.
¿Quién nos dirá nuestro nombre?

Desde el medio día

Por aquella puerta, donde habitan los fantasmas, crecemos, con un saber en la espalda, para vivir despacio, muriendo como siempre en no más ...