viernes, 19 de septiembre de 2008

El lugar humano en los sucesos

Todos estamos involucrados en acciones que nos producen acontecimientos. Las cosas ocurren y todo es un proceso infinito. Cada uno de nosotros está presente en algún lugar de todo este movimiento y transcurrir. De pronto nos descubrimos cambiando de sentido a las cosas que pasan y que nos pasan, luego nos sentimos artistas de la historia. En cierto modo es como si el tiempo fuese arcilla y nosotros alfareros. Somos seres que hacemos cambios pero después no creemos en ellos y los volvemos a hacer de nuevo, a veces perseguimos a nuestra voluntad y la acallamos para que no se meta entre el mundo y nosotros, y así, simplemente se espera.
Si viajamos, por ejemplo, a 20 000 pies sobre los continentes veremos un panorama extraordinariamente apropiado como para tener una idea del resultado de la voluntad y de su corrección, pues sentimos la altura de la tecnología y a la vez los trastos del progreso. La voluntad humana es una realidad tan grande que no podemos obviarla en ninguna reflexión seria, aunque sea de modo implícito y no manifiesto y siempre resulta imposible domarla. El hombre decide y realiza proyectos y se siente responsable frente a ellos, y muchas veces culpable.
Es incuestionable la presencia de la voluntad y la condición de libertad en el transcurrir de casi todo. No obstante, si bien es cierto que nuestra participación en los acontecimientos es innegable, esto no agota la totalidad de lo que acontece. Queda por preguntar aún qué grado real de participación tenemos en las cosas que nos pasan y de qué somos inocentes.
¿En realidad, a qué porción del mundo alcanza nuestra decisión? Pocas cosas nos esperan en el mundo, pocas, pero de ello se hace otros tantos mundos.

Desde el medio día

Por aquella puerta, donde habitan los fantasmas, crecemos, con un saber en la espalda, para vivir despacio, muriendo como siempre en no más ...