Occidente
Una noche en las manos,
un puñado de sombre en todos los pechos
(allá vivieron, ya conocen su patria)
vivían temprano, muy temprano
a golpe de mirada los caminos,
pinturas oscuras hacían los bosques pero vivían.
Ello partía al amanecer en dos,
La lucha de un tiempo grande sobre la roca caída
hasta arrancar espíritu a los suelos.
La otra tarde golpearon canciones en esa tierra
y llenaron los oídos con una noche que
se consumía en llamas;
gritó hasta la madrugada,
luego la hicieron una pintura de sombra…
había que guardar aquellos tiempos:
memoria fatal sobre la hierba pero heroica,
desconsolada la hora en que el camino se irguió grande,
listo para marchar.
Amanecer, jamás volver.
Suave el pensamiento, músculo suave,
hasta caer los brazos,
los dioses subieron hasta la copa del bosque,
los tiempos más fuertes huyeron hasta el cielo,
crearon eternidades y sus profetas anuncian su retorno.
Pero el tiempo se quedó en la tierra,
mató los destinos y sus huellas,
la muerte cayó sobre las historias como un rayo.
Ahora,
el día se encuentra durmiendo al lado del camino,
lo encontrarán las horas de la madrugada,
despertará, sí,
pero sus ojos ya soltaron su mundo.